jueves, 27 de octubre de 2011

La niñez del Cantón La Esperanza, ya no sufre las acarreadas de agua


Instructivo Rehabilitación de infraestructura básica por depresión tropical 12E





En la Ciudad de los Gusanos Medidores, como se traduce del náhuatl al castellano la palabra Olocuilta. Allí, en la que hoy conocemos como la metrópoli de las pupusas, se encuentra en las profundidades de los descendientes pipiles, el Cantón La Esperanza, un asentamiento que celebran con regocijo este 17 de agosto, la introducción del vital líquido a sus hogares.

Como fiel testimonio al desarrollo de esta obra que supera los US 161 mil dólares y que fue financiada por el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL), se encuentra Lucía Ordóñez Paredes, una fémina que rasga su garganta con las evocaciones de lo que significó el agua en su vida.

“Teníamos que caminar por más de veinte minutos para llegar al río, la calle era mala y echábamos tres viajes al día con cántaro en la cabeza. Además, cuando había luna bonita, íbamos por el otro”. Rememora esta cincuentona.

Continúa: “Las niñas y los niños éramos los responsables de la acarreada de agua, por la mañana echábamos un viaje y al mediodía que salíamos de clases para almorzar, el otro. Luego, como la escuela era de todo el día, después de la última campanada, salíamos corriendo a traer el cántaro final de agua para la lavada de los platos de la cena”.

“Era toda una odisea y una experiencia no grata, por la caminada y el esfuerzo de hacer las tareas después de todos los viajes”, comenta Lucía, con una modulación quebradiza de su voz por lo difícil que fue su niñez por la falta de agua.

Pero, este problema no sólo era para la niñez, también las mujeres sufrían de este mal, puesto que tenían que ir a esta única afluente todos los sábados a lavar la ropa. “Ese día blanqueaba el río, todas nos íbamos de mañanita a restregar la ropa y la tendíamos en las piedras. Lo difícil, era la subida y la bajada del huacal con la ropa”

Respondiendo a las necesidades del Cantón

El proyecto de introducción de agua potable nace en el 2008, con la perforación de un pozo en la planta de bombeo de que hizo la Asociación de Saneamiento Básico Rural del Cantón La Esperanza (ASABARCLE) en binomio con la municipalidad en el Caserío Agua Zarca.

La inversión de esta primera fase sobrepaso los 153 mil dólares, fondos proporcionados por el Programa Manos a la Obra por nuestra Comunidad (PROCOMUNIDAD), financiado por el Banco Alemán de Desarrollo (KfW) y ejecutado por el FISDL y que fueron administrados por ASABARCLE, que en su momento fungían como parte de la junta directiva: Don Manuel Antonio Merino (Presidente), Don Santos Rufino Alvarenga (Vicepresidente), Doña Leticia Carrillo (Tesorera) y Doña María Pérez(Vocal), entre otras personas de la comunidad.

Sin embargo, los centros de almacenajes creados por las personas para extraer de las venas de la tierra el vital líquido, resultaron dañados por la naturaleza. Es decir, la tormenta denominada IDA (noviembre 2009), arrasó con parte de la infraestructura construida por la comunidad y dejó sin acceso de agua potable a las 13 comunidades que componen el Cantón La Esperanza.

Es así, que nace la recontrucción del nuevo centro de abastecimiento de agua potable el 15 de noviembre de 2010, a través de la gestión que hizo ASABARCLE a su alcalde Dr. Marvin Ulises Rodríguez Álvarez, quien en el marco del Programa Comunidades Solidarias Rurales (CSR) formalizó su financiamiento ante El Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL).

La pronta solicitud, dio respuesta a la necesidad del Cantón, construyendo: 288.23 mts. lineales de cerca perimetral de malla ciclón; 77 mts. lineales de canaleta de 60x60 cms. de piedra; la construcción de tanque de succión de 200 m3 y caseta de bombeo de 4.00 x3.00 mts, entre otras obras.

“Ahora, ya tenemos agua otra vez, no queremos que nuestros hijos pasen lo que nosotros sufrimos. El proyecto esta bonito, beneficia a todas las familias; por eso le damos gracias a Dios y a las autoridades que hicieron realidad nuestra necesidad”, culmina, Lucía Ordóñez y madre de tres.

La planta de bombeo de Agua Zarca del Cantón La Esperanza, distribuye agua a las 1,200 familias descendientes de los pipiles, quienes reciben el servicio cada tres días. Además, muchas personas toman el modelo de aprovechamiento del agua que tiene Lucía, “Lavo cuando cae y al terminar, lleno los barriles y la pila, porque de esta manera mis hijos no han heredado las acarreadas de agua, como antes lo hacíamos”.

lunes, 24 de octubre de 2011

La señorita Cuenca y la perseverancia de El Tigre





Imponente y con más de una grieta en sus columnas, por lo añejo en su infraestructura, así luce El Arco Durán, coloso con más de cien años y cuatro décadas de existencia, se encuentra a 100 kilómetros de San Salvador y fue el primero en cedernos el paso para llegar al Centro Escolar cantón El Tigre del municipio de Ahuachapán, donde sus alumnas y alumnos, estrenaría nuevas salas para recibir sus clases y otras obras de utilidad para los docentes.
No está demás decir que para llegar a este Centro, El Arco Durán era la principal ubicación. Sin embargo, había que ahondarnos por una serpiente de polvo y piedra por media hora más, justo 12 kilómetros, de esos que los abuelos dicen… son contados por el diablo.
Por fin llegamos a la cola de aquella víbora de barro y piedra, una inclinación de dos metros y medio de concreto nos recibía. Un portón corroído por el tiempo y elaborado de malla ciclón daba obertura a la trama de Nora Carolina Cuenca y la niñez que con regocijo festejaban este 23 de febrero, la inauguración de obras del Centro Escolar.
Las sonrisas estaban por doquier, niños armados con escobas y carretas se veían, estaban sacándole lustre al barro y pepenando las hojas secas de los árboles, mientras otros jóvenes, los más inquietos por cierto, gritaban y espantaban a las menores más temerosas con un arácnido del tamaño del puño de una mano.
En El Salvador, esta animalita es conocida como araña de caballo. Según cuentan los pobladores de El Tigre, muerden y orinan los cascos –patas– de los caballos, produciéndoles una infección que hace que se les caigan. Es decir, quedan cojos de por vida.
La arácnida salió de su madriguera, debido a que ésta había sido invadida por los estudiantes, no por maldad, sino porque justo en ese lugar se plantaría un Maquilishuat, un árbol que es el símbolo de las relaciones amistosas entre Japón y El Salvador.
No era para menos plantar este árbol, las nuevas inquilinas –dos aulas– habían sido financiadas por el Gobierno de Japón con una inversión de más de 80 mil dólares, una contrapartida de la municipalidad de 4 mil dólares y la asistencia técnica por parte del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local FISDL.

La señorita Cuenca, mi profe…

Después de algunas carcajadas y uno que otro susto ocasionado por la araña, pregunté a uno de los infantes: ¿quién es su profesora? De inmediato, aquella minúscula vocecilla me respondió: ¡Se llama señorita Norma Cuenca, mi profe…!
Me hizo una indicación con el índice, el dedo que muchas personas utilizan para señalar a otros. De pronto, alzo la voz, ¡esta por allá señor, en el aula! La encontré con unos libros, de esos que tienen figuras sin colorear y una pared tapizada con todos los nombres de las niñas y los niños que atendía.
“Gracias José”, le dijo la señorita Cuenca al menor que me acompañaba. Mientras tanto apoyaba sus manos en un escritorio rústico, de aquellos antiguos elaborados de cedro o laurel y haciéndole un segundo llamado ¡Ahora puede ir a jugar!
José, forma parte de los 23 infantes que estudian Parvularia en el cantón El Tigre. De esta población estudiantil 13 son niñas y el resto niños.
La señorita Cuenca, con más de tres décadas de edad, es de tez trigueña, ojos café y de estatura media (1.50 mts), que de entrada, dan ganas de recibir clases con ella, es amable y tiene una cualidad para dirigir, e induce a las personas a que se sientan cómodas en su sala de clases, es más, hasta hizo que me sentara en uno de aquellos diminuto pupitres- sillas de apenas 25 centímetros.
Acomodados en aquellas butacas minúsculas, descorrimos el telón de la historia del Centro Escolar, que esta erguido desde 1972 y que fue el lugar donde la señorita Cuenca empezó a nadar en las letras.
“Yo nací aquí en El Tigre, estudie en esta escuela, mi maestra era la niña Lety (Leticia), no recuerdo su apellido, pero trabaja en Ahuachapán, aun tengo grabadas sus palabras: supérense para sacar adelante el cantón, de ustedes depende”. Comenta, la señorita Cuenca.
A lo que secunda, “Para mi orgullo, en el aula donde doy clases, es la misma donde me forme en mi infancia, le tengo mucho aprecio a este Centro Escolar, a toda la gente, en especial a las niñas y niños, son mi vida”.
La Profesora Nora Cuenca, hizo de aquel momento un espacio muy íntimo, donde el baúl de los recuerdos afloró y donde la piel se enchina al rememorar lo deplorable que eran las instalaciones de su escuela y el cambió que había tenido con el pasar del tiempo.
“Recuerdo que sólo era cajón partido en tres, allí recibíamos las clases, era hasta sexto grado, después nos tocaba ir hasta Ahuachapán para poder continuar. En mis años mozos, me tocaba saltarme el cerco, mi casa estaba a la par de la escuela”, expone Cuenca.
A lo que hilvana: “Hoy mi escuela se ve bonita, gracias al apoyo de Japón, la Alcaldía Municipal, FISDL y todas las personas que nos involucramos en el proyecto. Ahora, solo falta, que nos apoyen con la reparación del techo de los salones viejos, que ya se aproxima el invierno y se pueden mojar mis niños”.
Pero, para ver bien maquillada la escuela, no fue tarea fácil, desde el año 2001, todo el cuerpo docente, iniciaron las gestiones de la reconstrucción, producto de los daños recibidos por los terremotos. “Lo único que recibimos fue unas cuantas láminas y con estas nos hicieron los salones de clases, que no solventaban la necesidad porque deshidrataban a la población estudiantil”, expone Cuenca.
Continúa, “Hoy la cosa ha cambiado, así debería de trabajar las instituciones, unidas y con apoyo de la cooperación internacional, de esa forma se desarrollan los pueblos y los resultados se ven de inmediato, antes teníamos una 60 u 80 estudiantes, hoy tenemos 159, y esto nos ha permitido ampliar la atención educativa hasta Tercer Ciclo”.
La señorita Cuenca, tiene 15 años de laborar en el Centro Escolar cantón El Tigre, ha visto todas las iniciativas fallidas por mejorar las instalaciones de su escuela y las juntas de padres decepcionadas, al no ser escuchadas, ante el derecho a la educación que tienes sus vástagos.
Ahora, la perseverancia de El Tigre ha dado frutos. El proyecto financiado por Japón, les dotó de mejores y ampliadas instalaciones que contemplan: dos aulas, una media dirección, una cocina, servicios sanitarios (4 servicios y 1 lavamanos) con una fosa séptica y un pozo de absorción, instalación de defensas y vidrios en las ventanas de las aulas existentes.
El rol del FISDL, consistió en monitorear y dar seguimiento a la ejecución de la obra, y tiene un gran compromiso: velar y entregar las herramientas de calidad necesarias para reducir la pobreza en El Salvador.
Detalle de la población estudiantil del Centro Escolar cantón El Tigre
  • Parvularia: 13 niñas y 11 niños.
  • Primer ciclo: 16 niñas y 22 niños.
  • Segundo ciclo: 31 niñas y 28 niños.
  • Tercer ciclo: 15 niñas y 23 niños.

    Total: 75 niñas y 84 niños.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un empleo para Esperanza



Esperanza

Miércoles, 21 de septiembre de 2011. Cada primero de mayo, las principales calles del Gran San Salvador, se ven inundadas con miles de personas pertenecientes a organizaciones sociales. Unas piden justicia, otras reivindicaciones de los derechos laborales y algunos un día más de vacación.

Sin embargo, un día como este, lleno de protestas; el vientre de Rosa Castillo, traía al mundo a Esperanza, una joven revolucionaria de la danza; también, atiborrada de afecto y pasión por la niñez apopense.

Hoy, esta fémina, tiene ya dos décadas de existencia, ha pasado por una formación media sobresaliente y por muchas necesidades económicas que envuelve a más de la mitad de la juventud salvadoreña que recién terminan su educación media y no pueden encontrar empleo.

Sin embargo, la perseverancia de Esperanza, ha cosechado sus primeros frutos. Ella formó parte del Programa de Apoyo Temporal al Ingreso – PATI, impulsado por el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL) y la Alcaldía Municipal de Apopa, donde su buen desempeño le permitió estar en las filas de uno de los mejores grupos de danza moderna y folclórica de la zona.

Apopa es uno de estos municipios que han aprovechado el Programa para acercar beneficios a las comunidades más vulnerables. En la primera fase, han participado 233 personas y ha significado una inversión de US $ 154,800.00, incluyendo gastos administrativos de la Municipalidad. Todo, con fuente de financiamiento del Banco Mundial.

El Programa consiste en la participación en proyectos comunitarios diseñados por las Municipalidades, éstos responden a las necesidades y apuestas de cada territorio. Donde Esperanza, durante los seis meses que duró la fase, recibió un apoyo económico mensual de $100.

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Sueños por cumplir

“En el PATI participé en arte y cultura, anduve por diferentes escuelas y cantones, ayudando a niños y niñas para que puedan superar sus problemas o para que puedan salir de ellos a través del baile”, comenta, Esperanza Madelyn Roque Castillo.

Aunque sus habilidades danzarinas le han permitido sensibilizar a la niñez de los centros escolares de su querido Apopa, uno de sus grandes sueños es llegar a ser una chef, “de las mejores del país”, como dice ella.

Sueño que está a punto de cumplir, gracias a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que en el marco de la estrategia de salida del Programa de Apoyo Temporal al Ingreso-PATI, ha ejecutado el programa de pasantías y/o inserción laboral denominado “Jóvenes Comprometidos, yo hago la diferencia”, en el que participó y fue capacitada junto a 31 jóvenes más, en Atención al Cliente, Contabilidad y levantamiento de presupuestos.

“Me siento contenta, porque fui calificada para optar a una pasantía como cajera y gracias a ésta, ya tengo empleo en uno de los supermercados más prestigiosos del país y si Dios me lo permite, conseguiré arreglar las goteras de mi casa y especializarme en gastronomía. Porque pienso seguir estudiando, desde luego…para chef”, sostiene con seguridad, esta fémina revolucionaria, que no le permitió llegar a su madre al hospital. Nació en su casa y fue atendida por una partera.

Este trabajo sinérgico entre las instituciones estatales, empresa privada y el apoyo del pueblo de los Estados Unidos, a través de USAID y Banco Mundial, han permitido abrir una oportunidad de obtener una experiencia laboral a jóvenes y/o mujeres jefas de hogar que estaban en el olvido en El Salvador.

Esperanza y sus 31 amigas(os) se graduaron, este 21 de septiembre con honores, formaron parte de este ciclo de formación y empleabilidad, quienes son un claro ejemplo de superación, perseverancia y entrega por el desarrollo de la niñez más necesitada del país.

martes, 23 de agosto de 2011

FISDL, con Excelente Representación en concurso fotográfico Kizuna

Fotografía ganadora del reconocimiento Excelente Representación en concurso fotográfico Kizuna

Fotografía ganadora del reconocimiento Excelente Representación en concurso fotográfico Kizuna

San Salvador, 23 de agosto de 2011. El Departamento de Comunicaciones y Relaciones Públicas del FISDL, destacó este 23 de agosto, en el Primer Concurso de fotografía de la Embajada del Japón denominado “Kizuna” que significa Lazos de Amistad.

El concurso desarrollado por la Embajada del Japón, con la colaboración de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, tiene como objetivo fortalecer las relaciones de amistad entre ambos países, a través de un intercambio cultural en el ámbito del arte fotográfico.

El FISDL, se agenció del premio de Excelente Representación, destacando entre un collage de 48 imágenes presentadas en este concurso por comunicadores, periodistas y amantes de la fotografía.

La fotografía ganadora del FISDL, es titulada Sonrisas de Hermandad, tomada el 23 de febrero de 2011. Tiene como leyenda, La perseverancia de residentes y docentes del Centro Escolar Cantón El Tigre del municipio de Ahuachapán, ha dado frutos. Tomada por Óscar Girón y producto del trabajo de jefes, asesores y personal administrativo de la Regional de Occidente.

Las imágenes ganadoras y el repertorio de fotografías participantes se encuentra en la Sala de Exposición “La Casona” del centro comercial Galerías, San Salvador.

Agradecemos al Gobierno de Japón por tomar en consideración el trabajo fotográfico del Departamento de Comunicaciones y Relaciones Públicas, esta es la cosecha del trabajo en equipo de la gran familia FISDL, del esfuerzo y valentía del personal administrativo y de campo, que se inspiran y se motivan a diario por seguir el camino en la promoción y el desarrollo de los municipios más pobres de El Salvador.

Diploma Kizuna

miércoles, 15 de junio de 2011

En el valle de morros, florece el conocimiento desde hace cinco décadas - Segunda parte

Cindy

El potrero que un día agarró Cecibel, ya luce diferente; nada más, bastaba darle una abonada interinstitucional al cantón El Tránsito, donde interactuaron la comunidad, la municipalidad, el Ministerio de Educación y desde luego, el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local- FISDL- afianzado de la confianza de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo- AECID-.


No está de más decir, que se respondió a las necesidades del linaje de los Mayas Quichés. Quienes fueron humillados por la voraz IDA, una tormenta que hace año y medio, se tragó El Salvador en apenas dos días.


En este valle de morros, las lágrimas del cielo inundaron todo, extinguiendo toda la producción agrícola, pariendo un sinfín de enfermedades y dejando a ras de piso toda edificación, hasta las pudientes. Como la Escuela, que a luz del desarrollo, era la más prominente del lugar y dejaba sin el alimento de las letras a más de doscientas almas.


El termómetro fue puesto en la Escuela, la temperatura pasaba de los 41ºC y había que suministrarle uno de los medicamentos más efectivos para contrarrestar su convulsión. El brebaje para este mal, posee un compuesto de sabiduría, buena voluntad, sinergia interinstitucional y el elemento clave, el trabajo participativo de la comunidad, que fue regido por el Alcalde Municipal de San Pablo Tacachico, Don Arístides Alvarado.


Don Arístides, gestionó los fondos ante el FISDL y fueron más de 135 mil dólares proporcionados por la AECID. Monto que sirvió para la reconstrucción de los techos, instalación de cielo falso, pavimentación de pasillos, muros de piedra, canaletas, cancha de baloncesto, entre otras obras para beneficio de la población estudiantil, que supera las doscientas personas.


Hoy, los pupitres hechos de tablones, los servicios de fosa y las grietas de barro que un día pisaron la generación de los ochenta (hijas e hijos de combatientes) han desaparecido, ya tienen agua, energía eléctrica, servicios sanitarios de lavar y lo principal de todo…más maestras y maestros. Sin embargo, aún quedan memorias y necesidades, como lo expresa su actual directora y dos de sus alumnas.

Una escuela bella, con historias de amor y carestías

“Ingresé en 1994, era la única plaza que existía, cuando llegué, sólo había un pabellón con cinco salones y los baños eran de fosa; lo preocupante, era en el tiempo de invierno, los techos estaban dañados y el agua entraba por todos lados. A esto, se sumaba la cantidad de barro que entrabamos a las aulas”. Comenta María Ana Andrade, directora del Centro Escolar.

Esta unionense de ojos zarcos (verdes con amarillo), relata: “Tenía que caminar mucho, viajaba todos los domingos a la comunidad y nos acomodábamos en diferentes viviendas - todavía es así- para no viajar todos los días”.

Entre sollozos, a la directora se le escapa una risa pícara, como queriendo despejar de su garganta una historia que para los oídos de aquellos ajenos a la comunidad- visitantes- puede ser un delito o un impulso de amor producto del encanto del valle de los morros.

Con un poco de timidez y sigilo, logró despejar su garganta para decir: “Aquí encontré mi primer amor, en la casa donde me dieron abrigo al venir por primera vez. El Tránsito me atrapó, tengo catorce años de casada y dos hijos. Este es mi hogar, por eso amo a la gente de este cantón y me preocupo cuando faltan cosas para mejorar la educación”.

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A lo que secunda: “Por el momento, tenemos hasta noveno grado, ya son 10 promociones las que hemos graduado. Pero de esta población estudiantil, sólo una persona sale a estudiar bachillerato, el resto se quedan para sembrar sandía o hacer la milpa. En el caso de las niñas, se queda para ser mamás o se van como domésticas a las zonas urbanas”.

De pronto los ojos de la directora se convierten en mares; no es para menos, la mayoría de las jóvenes que cursan su noveno grado rondan los 15 o 16 años, sin esperanza de mejorar los niveles de vida y su única formación académica queda en el olvido al convertirse en amas de casa. Por no tener otra cosa que hacer.

“Entre mayor educación tengamos, mejores oportunidades tendrán las personas de este cantón para salir de la pobreza, en espacial para las niñas. Por eso hago un llamado a todas las autoridades, para que puedan apoyarnos con la construcción del bachillerato, carecemos de este derecho a la educación, porque tenemos espacio para hacerlo y el personal para atenderlo”. Puntualiza, esta fémina de 37 años y profesora en Ciencia Sociales, graduada de la Universidad de El Salvador.

Yo seré doctora cuando crezca

Antes de iniciar el relato de Cindy, una joven visionaria del cantón El Tránsito, le pedí el consentimiento jurado para exponer su experiencia. Donde ella, por ser menor de edad, me autorizó de forma oral publicar su historia. Narrativa que muestra cómo la pobreza podría superarse, si aprendemos a escuchar a las personas más necesitadas.

“Yo soy mala para las matemáticas, pero tengo algo bien claro, cuando sea grande quiero ser Doctora, para ayudarle a las personas de mi cantón. Porque el conocimiento que uno tiene, debe ser aprovecharlo al máximo para servir a los demás”. Cuenta, Cindy Tejada, estudiante del noveno grado, con metro y medio de estatura y dueña de una cabellera lacia color madera.

Esta lozana tacachiquense que ronda los 16 años, es más despierta que una joven de la urbe –más viva, como es el decir popular- , a su corta edad, ya tiene lauros a nivel académico, sólo diplomas al mérito posee; no es para menos, siempre ha obtenido el primer lugar en su escuela. Conquistas que ha colocado en la pared de honor de su hogar.

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Pared que está elaborada por varias barras de bambú, unas láminas corroídas y maniatadas con alambre, que se esconden debajo de un plástico blanco con pascuas y otro de color celeste con estampas de gajos de uvas y manzanas.

Sin embargo, la abundancia de sus logros compite con el exceso de necesidades. Ella y su familia, sobreviven de lo poco que su madre lleva al hogar, que está compuesto por ocho personas (tres hermanas más y tres hermanos). El padre, un agricultor que se encuentra ausente de las necesidades básicas de la casa.

La casa de Cindy es similar a la de muchas familias que se encuentran en condición de pobreza en El Salvador, donde se les cuela la lluvia por todos lados y las paredes están montadas con horcones podridos, barras de castilla recubiertas con plástico y láminas perforadas.

A esta precariedad, se le suma las obligaciones de lavar y preparar los alimentos a su estirpe, quienes desde que están en Parvularia ocupan los primeros lugares. En especial a las pequeñas, que son adiestradas en la torteada- echar tortillas-.

Para esta acción, Cindy, nos explica cómo es la técnica del buen tortear: “Para hacer una buena tortilla, se debe restregar bien el maíz hasta que se vea chelito; se lleva al molino, con el cuidado de que la masa no resulte chanca – grumosa y áspera- . Si queda así, tenemos que pasarla por la piedra de moler para que quede fina y con esto evitamos que la tortilla no se reviente en el comal”.

Faenas como éstas, no son las ideales para el desarrollo de la niñez, porque ellas y ellos tienen el Derecho a la Educación, Salud y al juego; lamentablemente, en El Tránsito son desplazados por la misma necesidad. Como el caso de Cindy, que tuvo que desprenderse de su querida Serafina por entrarle a la actividad doméstica de hacer tortillas.

La Serafina, era el más preciado tesoro de esta infante, quien a los diez años tuvo que despegársela de sus brazos por los compromisos del hogar. El nombre de esta muñeca, obedece a uno de los personajes que vio en la televisión - la Popis en el Chavo del 8.

Entre ilusiones de maestra, un par de tacos y unas peticiones para el Presidente

Al igual que Cindy, tenía que pedirle el consentimiento jurado a María Imelda Aldana Lemus, para contar su historia, ella vive a unos 150 metros del Centro Escolar y frente a la cancha de fútbol. Es la tercera descendiente de Ana, madre de seis, quien tuvo que sustentar su relato debido que esta joven es de poca habla.

“Quiero ser profesora de Ciencias, para enseñarles a cuidar nuestro medio ambiente, en especial a los grandes, entiende con una vez que se les explique. Con niños no, cuesta mucho, no hacen caso y no tengo paciencia”. Comenta María, quien cumplirá sus 16 años en noviembre.

Opinión que refuerza Ana, su progenitora: “Ella es buena para la estudiada, pero me siento mal por las ilusiones que tiene, nosotros somos pobres y no tenemos para el gasto. Imagínese, no tenemos familia en Tacachico para la quedada- pupilaje-, peor para darle dos dólares diarios de pasaje y a esto, hay que sumarle la comida”

Y prosigue esta cuarentona: “No puedo leer, mis padres no me pusieron y no puedo dejar a mis hijos así. Sin embargo, la pobreza es grande, prestamos para sacar las tres semillitas de maíz y unas de frijol. Con lo poquito que cosechamos… sobrevivimos el año”

La familia Aldana Lemus, presta alrededor de mil dólares, con estos: arrendan la tierra, compran las semillas, fertilizantes y plaguicidas. Cuando cosechan, venden el 70% de la productividad para pagar el interés y la parte del préstamo. Es decir, quedan adeudados para la próxima temporada.

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No obstante, la escasez de fondos no es impedimento para que baje la autoestima de María. De pronto, rompe el silencio, tras un vistazo a la cancha de fútbol, comenta: “Soy delantera, hace poco le metimos cuatro goles a un equipo y nos sentimos orgullosas”.

Continúa: “A veces no me prestan los tacos para jugar y tengo que ir en tenis, nos ponemos de acuerdo con el equipo de niñas para ir todas igual. El problema, es que sólo tengo un par de tenis y si los rompo… no tengo para comprar”

Encuentro futbolístico que dura solo una hora - de tres a cuatro de la tarde - dos veces a la semana y que suspende por las obligaciones que tiene en su hogar. Ella, al igual que Cindy, tiene que lavar la ropa, tortear, hacer el aseo y la comida para toda la familia.

Como María es hábil para cocinar e interpreta su realidad tal como está, dos de sus grandes aspiraciones al terminar el noveno grado son: “Como no puedo seguir estudiando, quiero trabajar en una casa para cuidar niños, para ayudarle a mi mamá con los gastos de la casa o viajar a Tacachico para poder trabajar en un comedor. Ya preparo carne asada, pollo, arroz frito, carne de tunco y puedo echar bien las tortillas”.

Continúa: “No puedo llegar a más en mi escuela, a menos que el Presidente nos ayude con el bachillerato, que se haga la voluntad de Dios y de paso que nos compre unas computadoras, sólo dos tenemos y se apagan rapidito, no sirve y están muy viejas”.

María y Cindy, son las jóvenes más destacadas del Centro Escolar El Tránsito del municipio de San Pablo Tacachico. Así como ellas, existen más historias que se encuentran al hurgar en el valle de morros, llenas de necesidades y deseos de superación. A lo mejor, el futuro de las 121 familias de este recóndito lugar de El Salvador, puedan superar la pobreza por medio de la educación.

Con la ampliación de esta escuela, ya dimos un paso enorme a nivel interinstitucional por el desarrollo del linaje Quiché. Sin embargo, hay retos que cumplir dentro de este proceso de enseñanza aprendizaje.

Desafíos para el Alcalde Arístides Alvarado en gestionar un bachillerato y para el Gobierno en buscar alternativas entre todas sus instancias para que puedan suplir este tipo de necesidades en este recóndito lugar donde las esmeraldas brotan de los árboles y desde el seno de la comunidad.

jueves, 9 de junio de 2011

En el valle de morros, florece el conocimiento desde hace cinco décadas - Primera parte

Escuela El Tránsito, Tacachico

En un recóndito lugar de origen precolombino, situado en las cercanías de San Juan Opico, donde hace 1400 años los antiguos moradores adoraban la tierra, veneraban el sol y la luna. Allí, se enaltece el Centro Escolar Cantón El Tránsito, un foco del saber que resurge de las cenizas después de estar en el olvido y que en su interior, preserva una memoria de incidencia política, amor y pasión por la educación.

El Cantón El Tránsito, se encuentra erguido en el municipio de Tacachico ubicado en el departamento de La Libertad, a dos horas de distancia de la capital- San Salvador. Es decir, un aproximado de 75 a 80 kilómetros.

Para llegar a este Cantón olvidado de la urbe y el traqueteo de los motores, similar al Macondo que narra el colombiano García Márquez en su obra Cien años de Soledad, se tiene que pasar caminos quebrados y ásperos.

La boca de la serpiente de polvo inicia en la Colonia El Rosario de Tacachico, rumbo a Valle Mesa y son más de 30 minutos que se tienen que recorrer por este coral de barro que cruza la llanura de los Pokomanes y los Chortis de la familia Maya Quiché. No es para menos, este Cantón se encuentra en la sien de los centros arqueológicos del país, Joya de Cerén y Ruinas de San Andrés.

Conforme irrumpimos en esta sierpe de polvo y llegamos a su panza, nos encontramos en un mundo adornado de esféricas y ovaladas pelotas verdes que aparecen de unas raquíticas ramas. Uno se pregunta cómo es que aparecen esos bultos de un árbol que no tiene hojas.

Su pobreza en follajes es visible, como que si un pelotón de hormigas y zompopos hubieran satisfecho su paladar durante esta época donde el cielo tira sus primeras lágrimas. En El Salvador, estos árboles pelones y sus frutos son conocidos como morros.

Frutos que nuestra familia Maya Quiché utilizó para elaborar utensilios del hogar desde platos, cucharones, huacales para tomar los atoles y satisfacer la sed con la elaboración de la bebida horchata. Esta última, se fabrica de la semilla de este esférico que nace en las costillas y ramas de los arbustos que pese a ser calvos, están dotado de hermosura. Cargados de esmeraldas nacidas en el reino vegetal.

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Bajo la sombra de una dictadura militar derrocada

Tras cruza la barriga de este coral de tierra, llegamos al Cantón El Tránsito, que al igual que las plantaciones de morro, en su casco urbano, cuelgan más de 121 familias en condiciones de pobreza y que sobreviven de lo poco que le rascan a la tierra.

Los primeros en recibirnos fueron una empinada polvosa de tres metros de ancho y unos cuantos pick up que son utilizados para el transporte público. No está más decir, que el Centro Escolar es prácticamente la terminal de la zona.

Por fin, llegamos al portón principal, donde yace en su interior la prominente escuela que hoy luce remozada y que tiene sus orígenes desde 1956-1962, época del Presidente José María Lemus. Aunque irónico, su gestión se enmarca en un contexto plagado de torturas, injusticia social, caída de los precios del café y la multiplicación de los movimientos de obreros. Que dieron paso al derrocamiento del militar el 26 de octubre de 1960.

Es más, este centro del saber, es como un eslabón perdido en una sociedad donde el binomio imperfecto era el Estado y la educación. Muestra de esta disparidad, se palpa tras el derrocamiento de Lemus, período donde fue liberado el prominente poeta Roque Dalton, que por amor a las letras y a las fuertes críticas reflejas con su pluma, había perdido el privilegio de su libertad.

Esta escuela que nace bajo la sombra del Presidente Lemus, creció en el corazón de un potrero gracias al Instituto de Colonización Rural (ICR), hoy Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA), y sus únicas armas eran cuatro aulas, un pequeño corredor y unos recipientes para resguardar el vital líquido que los estudiantes consumían en el recreo.

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Al compás del olvido, la ofensiva y la clandestinidad

Después de dos décadas del derrocamiento del Presidente Lemus (década de los 80), las bancas que recibieron a los jóvenes lugareños desaparecieron producto de las revueltas civiles que pasaron de la urbe al campo. Conflicto armado que produjo un estancamiento de la educación.

La escuela de El Transito estaba en cuidados intensivos, agonizaba producto de un cáncer terminal de balas y truenos que obligaban a jóvenes dejar sus estudios por agarrar un machete o una cuma para alimentar a las familias. Esto, debido a que la mayoría de los adultos migraban por temor a ser confundidos entre uno y otro bando. Era la época de la clandestinidad y el miedo.

“Era mi primer trabajo, me habían nombrado como maestra de una escuela abandonada, parecía un potrero la pobre. Me tocó organizar a las familias y hacerles conciencia que tenían que mandar a los niños y a las niñas a clases” comenta Cecibel de Panameño.

A lo que secunda: “Vine en 1986, como era la única maestra, sólo pude dar apertura al primero y segundo grado, inicié con 120 estudiantes en dos turnos (mañana y tarde), quienes se acomodaban en tablones, mesas y sillas hechas con pita. Todo, lo traían de sus casas”

Esta fémina oriunda de San Juan Opico, relata que le tocó vivir en el cantón por más de dos años, no tuvo problemas de amenazan mientras daba clases. Es más, tenía estudiantes que sus padres formaban parte del ejército o de alguna milicia popular, quienes descuidaron la tierra por irse al campo de batalla, heredando la rascada de la tierra a sus hijos.

“Era un problema gravísimo en este cantón, no sabían leer y escribir; los muchachos de primer grado tenía 16 y 18 años, estaban descuidados por ir a cultivar. Las niñas por el contrario, a temprana edad eran mamás”. Comenta Cecibel, con dos lagunas reflejadas en sus ojos.

Continua: “Después de 25 años, me siento orgullosa haber rescatado esta escuela, el potrero que recibí, ya no lo veo. Hoy lucen hermosas las aulas, con ladrillo de piso, energía eléctrica y agua; no me va a creer, pero en época de guerra sólo dos cántaros con agua me daban para la semana y con ésta…también me bañaba”

Cecibel de Panameño de 45 años, hoy es maestra del Centro Escolar Casto Valladares de San Juan Opico y regresó a El Tránsito - mayo- para celebrar la inauguración de la ampliación de la escuela, que fue financiada por Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo como parte del Programa Comunidades Solidarias, ejecutado por Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local – FISDL. Ella, estuvo por dos años en este centro educativo y por quebrantos de salud, salió del cantón.